El año que acaba de empezar supondrá seguir avanzando en la revolución tecnológica en la que ya están inmersas las empresas. La maduración de muchas tecnologías, junto con su abaratamiento, permitirán que muchas más empresas empiecen o avancen en el camino hacia la Industria 4.0, algo que hasta ahora estaba principalmente al alcance de las grandes corporaciones. En este sentido, consideramos que 2019 será el año de la “democratización” de las tecnologías aplicadas a la mejora de la productividad y, por consecuencia, de la cuenta de resultados. Estas son las tecnologías más disruptivas que creemos que van a aterrizar con más fuerza en el ámbito de las empresas, de acuerdo con la opinión de diferentes especialistas:

  • Sensorizacion: Aunque la maquinaria industrial ya cuenta en muchos casos con conectividad bidireccional remota (que permite la monitorización y el control centralizado) la generalización de tecnologías como las etiquetas RFID, la identificación biométrica, la geolocalización de alta precisión (combinando la actual red GPS con la nueva Red europea Galileo, mucho más precisa) y el abaratamiento de todo tipo de sensores proporcionarán un importante caudal de información que podrá ser gestionada por sistemas autónomos. Hablamos del Internet de las Cosas (Internet of Things o IoT) en el que todos los sistemas físicos captan y reciben información.

 

  • Machine Learning: La combinación de una gran cantidad de datos (Big Data), proporcionados por sensores y por el análisis del mercado, clientes y ventas, junto con algoritmos de Inteligencia Artificial (IA) capaces de realizar análisis y reaccionar a distintos escenarios en tiempo real, permitirá que tanto máquinas como personas sean más eficaces en sus tareas (y por tanto, más productivos). Mejorar la productividad significa ser más competitivos, por lo que las empresas tendrán que estar muy atentas a esta tecnología para no perder el tren. La aplicación de las diferentes tecnologías de la Industria 4.0 permite mejoras en productividad que generalmente oscilan entre un 10 y un 25%. La clave de la competitividad está en la correcta integración de las distintas tecnologías para que funcionen como un sistema (o mejor dicho, un ecosistema) en el que cada tecnología aporta un beneficio que puede ser aprovechado por otras tecnologías distintas. Pero siempre tiene que haber un sistema “dirigiendo la orquesta”, y esto es algo que se puede realizar de forma muy eficiente si integramos las neuronas digitales con las humanas para que cada una de ellas haga lo que sabe hacer mejor.

 

  • Gemelo digital: Consultoras tan prestigiosas como Gartner no dudan en citar al gemelo digital (término acuñado originalmente por la NASA para definir una réplica virtual de un entorno real, sea éste un edificio, una cadena de montaje, un almacén o incluso una ciudad) como uno de los grandes protagonistas de la revolución tecnológica que ya está en marcha. Los gemelos digitales permiten simular el comportamiento de máquinas, personas, vehículos o cualquier otro elemento de la cadena productiva de una empresa, modelizar diferentes escenarios y calcular, de acuerdo con algoritmos, la configuración más favorable en cada uno de esos escenarios. Son, por tanto, una ayuda imprescindible tanto para el layout como para la toma de decisiones de inversión, contratación de personal y optimización de todo tipo de recursos, incluido el mantenimiento preventivo y la logística.

 

  • Tecnologías inmersivas: ¿Por qué interactuar mediante un teclado si podemos hacerlo con los gestos o con la voz? ¿Por qué analizar tablas de datos cuando podemos verlas en un entorno digital en 3D? ¿Por qué recurrir a pantallas cuando podemos utilizar visores personalizados que nos presentan la información superpuesta a la realidad?. Ninguna de estas tecnologías es una gran novedad: ya existen desde hace tiempo. La novedad es que, para que sean realmente eficaces, precisan de potencia de computación que hasta hace poco tiempo estaba fuera del alcance de las empresas. Algo que hoy ya no es así, gracias a la miniaturización, el abaratamiento de los costes y tecnologías como la computación distribuida que mencionaremos más adelante. Todo esto permite ya incorporar una “capa digital” a cualquier proceso empresarial, de tal manera que quienes deben tomar decisiones sepan que lo están haciendo a partir de datos en tiempo real, plenamente confiables y con toda la información que precisan en cada momento.

 

  • Computación distribuida (Grid computing y Cloud Computing): Del mismo modo que el estándar de la World Wide Web nació en el CERN de Ginebra para poder transmitir datos de forma eficiente entre máquinas, el estreno hace una década del colisionador LHC del CERN (cuyos detectores producen 30 Gb de datos por segundo) requirió del diseño de un nuevo sistema de computación, llamado “grid computing” en el que el análisis de esos datos se realizan en cientos de universidades e institutos de investigación de todo el mundo de forma coordinada, al ser virtualmente imposible (y en todo caso, exorbitantemente caro) disponer de una máquina capaz de analizar un flujo tan grande de datos. De ahí nació la idea de “computación distribuida”, que está fuertemente vinculada con el auge del Big Data. Una compañía puede utilizar de forma eficiente todos los recursos de computación de que dispone en su red, e incluso contratar servicios externos. Pasamos así del almacenamiento distribuido o en la nube de los datos al procesamiento distribuido de esos mismos datos.

 

  • Blockchain: El blockchain (literalmente “cadena de bloques”) es la tecnología desarrollada para la creación del bitcoin y de prácticamente todas las criptomonedas. Toma ideas del cloud computing de tal modo que la seguridad de las transacciones también está garantizada por un sistema distribuido y, por tanto, inalterable, ya que cada nodo del sistema guarda una copia encriptada de la transacción y es imposible modificar todos los nodos al mismo tiempo. Todas las entidades bancarias, las startups de finanzas (Fintech) y cualquier otro sistema que precise de un registro seguro e inviolable de información están ya adoptando la tecnología blockchain. Hablamos, por tanto, de “contratos inteligentes” y otros sistemas de seguridad en el registro y la transmisión de la información.

 

  • Espacios inteligentes: Al igual que las smart cities en 2019 se consolidará la tendencia hacia las smart factories, en las que el propio espacio en sí está dotado de “inteligencia” y en él conviven máquinas autónomas, máquinas manuales y personas. La smart factory puede ordenar los flujos de producción en cada momento de acuerdo con las necesidades, reorientar prioridades y gestionar la información de manera bidireccional, de tal modo que cada persona y cada máquina esté donde debe estar, en el momento en el que debe estar y haciendo lo que debe hacer para que la productividad se mantenga en niveles óptimos.