Nadie discute ya que la digitalización y el conjunto de tecnologías aplicadas a la industria que denominamos Industria 4.0 supone una nueva Revolución Industrial. Que nadie se equivoque: estamos hablando de dinero. Concretamente de algo que no tiene nada de nuevo, como invertir en tecnología para mejorar la productividad y la competitividad de las empresas. Si a esto le añadimos que, por lo menos en los países de la UE, la sostenibilidad ambiental y reducción de emisiones contaminantes y gases de efecto invernadero son ya (y todavía lo van a ser más) factores clave a los que las empresas van a tener que adaptarse, bien voluntariamente o por la vía de los cambios legislativos sobre los que la UE está poniendo el foco, es evidente que las empresas que no se suban al carro corren riesgos nada desdeñables en su propia supervivencia.

No hablamos, por tanto, de una opción sino de una necesidad. El problema no es tanto el qué hacer, sino el cómo hacerlo. Ya hablamos en posts anteriores sobre el liderazgo digital, pero hoy queremos profundizar un poco más y hablar de estrategia.

La incorporación de las tecnologías de la Industria 4.0 no es un cambio aditivo, sino una disrupción en toda regla que afecta a todas las áreas de la empresa y que implica y cambio en el modelo de gestión. Es un error grave pensar que la Industria 4.0 y la transformación digital es algo que se puede comprar. Se trata de algo que se construye, y para hacerlo es necesario desarrollar un enfoque estratégico claro.

Disrupción, tanto dentro como fuera

Disrupción significa dejar de hacer muchas cosas que se están haciendo para pasar a hacer cosas nuevas. Es decir, implica un cambio profundo en la cultura de la empresa y en la mentalidad con la que se gestiona. Podemos distinguir tres tipos de disrupción:

  • Disrupción estratégica: La industria 4.0 abre un universo de posibilidades que, para ser debidamente aprovechadas y obtener rentabilidad de las inversiones, implican el rediseño de la estrategia de la empresa en su conjunto. Uno de los aspectos más interesantes de las tecnologías digitales es su capacidad de ayudar a la toma de decisiones de forma más científica y menos intuitiva. Esto no supone la desaparición de la intuición, algo exclusivo de los seres humanos y que las máquinas no tienen, sino la colaboración entre las neuronas humanas y las digitales. Las máquinas son muy buenas haciendo cálculos, realizando análisis e incluso, con el modelo matemático adecuado, realizando predicciones. Por primera vez los equipos directivos de las empresas cuentan con herramientas, como el gemelo digital, que les permiten analizar y predecir el comportamiento de su empresa en distintos escenarios alternativos. Esto abre una oportunidad estratégica que no se puede dejar pasar.
  • Disrupción tecnológica: Las tecnologías digitales de la Industria 4.0 suponen cambios en la forma de trabajar en todos los niveles de una empresa u organización, sea cual sea su modelo de negocio. Esto implica cuestiones como el rediseño de los procesos internos para aplicar la tecnología que los optimice, la formación continua de todo el equipo humano (directivos incluidos o, mejor aún, directivos primero) y asegurar que la interacción humano-máquina se realiza con la máxima eficiencia para ambas partes. El resultado: menos errores, más precisión, reducción de tiempos, traspaso a la máquina de las tareas que ésta hace mejor e integración de los datos en una interfaz (en muchos casos, realidad virtual o simulación 3D) que sea accesible e inteligible para el personal no técnico. Vencer la resistencia al cambio es un elemento clave en este ámbito.
  • Disrupción en el mercado: De poco nos sirve ser más productivos o disruptivos si eso no se traduce en una mayor competitividad. Además de la reducción de costes, la Industria 4.0 nos ofrece auxilio tecnológico en todo el ciclo de vida de un producto o servicio, desde las etapas de diseño hasta el marketing y la atención posventa. Una mayor agilidad significa ciclos de vida más cortos y, por tanto, mayor capacidad de reacción ante las demandas de un mercado que ya es plenamente digital y que cambia a una velocidad endiablada. Acortar el ‘time to market’ (tiempo en el que un producto tarda en llegar al mercado) es una de las grandes disrupciones que la tecnología nos brinda. La industria del automóvil es un buen ejemplo de este cambio: hoy los fabricantes lanzan varios modelos nuevos cada año, algo impensable hace un par de décadas.

El asesoramiento externo es clave

Aquí es donde empresas como NORLEAN juegan un papel muy relevante. La Industria 4.0 es una realidad compleja, y la transformación digital no puede realizarse al 100% con recursos internos. Ni siquiera las grandes corporaciones lo hacen. Afortunadamente, existen cada vez más empresas especializadas en abrir la puerta y “desatascar” el camino de la transformación digital. Como hemos dicho antes, la tecnología puede comprarse, pero la transformación digital es algo que se construye. Para construir algo nuevo necesitamos especialistas que nos ahorrarán tiempo y dinero y nos aconsejarán cuáles son las tecnologías que realmente necesitamos, ayudando en la selección e implementación de esas tecnologías, el cambio de la cultura empresarial y la elección de partners adecuados.

NORLEAN no es una empresa tecnológica pura, sino que forma parte de la nueva generación de empresas híbridas en este campo. No sólo proporcionamos tecnología, sino que ayudamos a que ésta adquiera su máximo potencial dentro de la empresa, diseñando de la mano de la compañía todo el proceso de transformación y asegurándonos de que se cumplen los objetivos que hemos marcado conjuntamente.

El resultado de todo este proceso es más competitividad, más productividad y, sobre todo, un incremento enorme de la flexibilidad de las empresas para reaccionar a los cambios del mercado. Este tren hay que cogerlo sí o sí, pues quien no lo haga puede quedar condenado a estar esperando eternamente en la estación con las maletas.